martes

Por amor al arte

Echo de menos, sobretodo, la concentración.
Descubrirme de repente como si despertara de la siesta, habiendo pasado una tarde entera dentro de mí misma. Concentrada y con el cuerpo entumecido.
El descubrimiento y los nervios;
La búsqueda y la pausa.
Las salidas y las llegadas desde varios puntos.
Dormir y volver a verlo igual, o darlo la vuelta.
Hablar de algo peregrino mientras sigues pensando sobre ello, como enganchada.
Matizar tus opiniones, referirlo entre risas y copas.
Insultarlo y quererlo ansiosamente como en un romance truculento.
Añoro crear algo que de veras me conmueva.
Añoro creer lo suficientemente en algo como para no dormir y no notarlo.
Recuerdo cuando solo me ocupaba de una cosa.
Recuerdo cuando me sentí sola y gigante al mismo tiempo.
Recuerdo cuando buscaba la música y la luz adecuada y me cabreaba si se colaba algún sonido impertinente.
Cuando creaba y era egoísta.
Cuando guardaba en la retina lo que aprendía en el proceso y lo paseaba a cielo abierto, como si fuera un secreto a voces.
Lo compartía con alguien y lo defendía frente a las agresiones de la razón del capital extranjero.

Mirarlo y sentirte en un camino.
Dormir y descansar, pues ya tienes lo que tanto perseguías.
Por que cuando empiezas, abres el pecho y cuando lo muestras, cuando finalmente lo das por concluido, quedas expuesto aunque ya seguro. Pues ya tienes el aroma deseado. Ya pasó tu enamoramiento. Ya acabó por ahora tu viaje, aunque tu viaje nunca acabe.

lunes

Amor, lujo y buena conciencia

JAVIER GOMÁ GARZÓN - EL PAÍS 24.03.2012

Casarse por dinero es una ordinariez. Pero casarse por amor sincero con alguien que tiene mucho dinero es toda una fortuna (una palabra que significa tanto buena suerte como vasto patrimonio). Hay un ardid para granjearse esos dos bienes sin renunciar a ninguno, el que usan los padres ambiciosos con retoños casaderos: conseguir que éstos, desde la infancia, se rodeen sólo de personas muy ricas porque al final el tiempo hará su trabajo y el rapaz acabará enamorándose perdidamente de alguien perteneciente a su exclusivo círculo. Y entonces, ¡eureka!, los dos significados de la mencionada palabra venturosamente se alían, la buena suerte del amor y de la prosperidad en un mismo golpe de fortuna. Ya no te casas por dinero sino por sentimiento y además mantienes incólume tu conciencia, que ya se sabe que no tiene precio, aunque sí mucho valor.

Realmente no hay placer más exquisito que el de una buena conciencia: los hombres virtuosos, los santos de la historia, son sólo un hatajo de sibaritas. Pero, ay, esos gozos morales son difíciles de conseguir. Y ahora quizá esperéis el socorrido sermón sobre el esfuerzo que en esta vida es necesario realizar para elevarse a los bienes más altos o sobre cómo la ausencia de esas cualidades en nuestra extraviada juventud nos aboca a la actual mediocridad ambiente. Nada de eso. En mi opinión, el mayor obstáculo para disfrutar de una buena conciencia se halla en los demás. Los otros son el estorbo.

Rodearse de personas ricas puede servir para casarte con una de ellas, pero rodearte de personas virtuosas genera gran cantidad de problemas. Por eso resulta más cómodo, más reconfortante y más tranquilizador contemplar en nuestro entorno ejemplos de conductas vulgares. ¿Por qué tienen tanto éxito los realities shows? Porque el espectáculo de esa mediocridad moral, de esas vidas rotas y deformadas, produce sobre nuestro ánimo un efecto sedante. ¡Qué horror!, nos decimos mientras apagamos la tele, y a continuación nos metemos en la cama acunados por el sentimiento de nuestra superioridad moral. El escándalo que nos suscitan las noticias sobre la corrupción de los políticos queda parcialmente compensado por cierta sensación de autocomplacencia: son unos golfos, murmuramos con desprecio como quien mira el mundo a sus pies. Un compañero de trabajo negligente; un cuñado machista y desagradable; un vecino polémico o ruidoso; un amigo arruinado por su imprudencia: todo esto constituye un universo gratificante porque rehabilita ante los demás mi desmedrada imagen y en todo caso me dignifica coram populo por cuanto muestra una variedad de comportamientos reprochables que están ahí delante, próximos y posibles, y que yo, honesto sin alharacas, me abstengo de realizar.

Las perspectivas se presentan mucho más sombrías, como nubes espesas y amenazantes, si, por desgracia, nuestro entorno se compone de dechados de virtud: un colega que destaca en su profesión; un cuñado cariñoso y servicial; un vecino cívico que separa la basura en tres coloridas bolsas; un amigo modélico, ponderado por todos. Este otro universo nos perturba, debilita nuestra posición en el mundo y hace nacer en nuestro interior el gusano de la mala conciencia. En efecto, el buen ejemplo nos interpela y nos obliga a responder de nuestra vida: ¿por qué no practico yo ese ejemplo si está visto que es bueno y además posible, como constata precisamente ese precedente? Si uno como yo es justo, ecuánime, leal, ¿por qué no lo soy yo?; si otro es solidario, humanitario o compasivo, ¿qué me impide serlo a mí también?; si un tercero exhibe bonhomía y urbanidad, ¿dónde queda mi barbarie? Definitivamente, el mal ejemplo nos absuelve mientras que el bueno nos señala con el dedo acusador y nos condena.

Supongamos el siguiente caso absolutamente hipotético. Vamos a cenar a casa de unos amigos y, en el trayecto, con tacto pero con precisión quirúrgica mi mujer señala a mi atención algunas notorias deficiencias en el cumplimiento estricto de mis responsabilidades familiares: no es que no sepa cocinar, es que no asisto a las reuniones que convoca el colegio de los niños, no me levanto por las noches para dar el biberón al recién nacido, no llevo al otro a su partido de fútbol, soy un pésimo anfitrión, me paso todo el día con gesto ausente leyendo o sentado delante del ordenador (insisto en el carácter hipotético del caso). En el coche esbozo una defensa pero al llegar a casa de nuestros amigos mi mala suerte quiere que el marido, maestro cocinero, nos reciba sonriente enfundado en un delantal y nos informe de que se ha divertido mucho esta tarde preparándonos la cena. Mientras devoramos los deliciosos platos, Marta, su mujer —que no ha tenido necesidad de moverse del sofá en toda la noche—, nos comenta, orgullosa, la prenda que es Felipe: padre abnegado que se desvive por sus hijos, marido atento y tierno, yerno intachable, etcétera. Lector amigo, ¿cuál crees que será el tema probable de conversación entre mi mujer y yo en el trayecto de vuelta? Acorralado en la discusión subsiguiente, sólo dispongo de tres salidas. La primera, hacer votos de reformar mi anterior vida y emular en adelante el fastidioso modelo encarnado en Felipe. Pero como esto comporta un gran coste personal lo más frecuente es optar por las otras dos. O bien decir: “Felipe puede permitirse actuar así porque está en paro, mientras que a mí se me acumula el trabajo en la oficina”, esto es, la regla moral encerrada en su ejemplo no me es aplicable; o, si esto no funciona, apretar el botón nuclear: “Supongo que sabes que Felipe le pone los cuernos a Marta”, en otras palabras, intentar el desprestigio del ejemplo positivo para que deje de ser vinculante.

Pero este recurso acaba dejando un poso de resentimiento, la dichosa mala conciencia. Por eso mi consejo es: cásate por amor con alguien rico y luego rodéate de pésimos ejemplos, y así disfrutarás confortablemente de tu buena fortuna bendecido por una conciencia siempre limpia. O

jueves

dos doce cinco cuatro doce

En cuanto paras, algo comienza a rodearte. Lo digieres y regurgitas en un baile, algo macabro. Muchas veces desoyes esas lineas guía, esos aromas de verdad de aquello que temes, que evitas creer, que procuras ignorar a toda costa.
Hasta que surge abruptamente; todos los puntos se cosen y dibujan una cara serena. Hasta que de repente aceptas un paso más de como estas siendo, de cómo eres ahora. Al fin, pasea junto a ti una más de esas certezas moldeables del caracter; tranquilos al fin, os sentáis a conversar, os miráis a los ojos.

Lo genuino y auténtico de conocerse y respetarse a pesar de todo o sobre todo, defenderse sobre cada uno de los rasgos que conforman lo que uno es, y luego exportar eso, tal cual, hacia fuera. Sin tapujos.
Yo esta madrugada paseo de la mano de una dama escurridiza. La dulce caricia de la compañía. Esos temas en los que otros hablan y yo guardo silencio. Creo que ya es hora de abandonar flotando en el río aquello que nunca he llegado a tener.

martes

...

Siempre que me pierdo en el ordenador se hace madrugada

miércoles

Eterna Sombra

Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, grande:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad de rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha,
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

Miguel Hernandez


¡feliz día mundial de la poesía!

jueves

Asoma

El sol asoma,
surgen dudas a poniente
y sesean los pasos firmes hacia el olvido.

No hallo hueco en la madeja
sin dejarte vivito y coleando.
Recostando túnicas blancas
paz inmediata y perecedera.

Hacer de la vida
un paseo emocionante.
Entender el idioma de la danza,
hablar con la música, llacer bajo la luz, fluir entre espacios.

Como en toda historia, en la vida
hay frases de paso.
Puntos adornando la soledad.

Encuentro en la duda más satisfacción
que en la certeza.
¿ Y qué más dá? dijo el chico solitario.
Giraba cuando le atraparon,
floreció entre algodones
y rezó mientras crecía.

Siempre parece oportuno dejar apartado un sueño para mañana.

martes

Il Lamento della ninfa

Ley universal de conservación de la energía
Un ejemplo de que al final todo se nutre de todo y nada nunca desaparece definitivamente. Un ejemplo más de que la energía se transmite sin pausa y sin barrera posible, todo el mensaje o parcialmente; queda la sensación, la melodía, la esencia musical, queda la tranquilidad y la pausa, queda el texto, queda la belleza y acaba inspiradamente en una pared ... pero siempre queda algo si enfrente tienes a alguien, cualquiera interesado en apasionarse.



Canzonetta de Ottavio Rinuccini, Lamento della ninfa (1614)

Original en Italiano -
español
Non havea Febo ancora
Febo no había todavía
recato al mondo il dì, revelado al mundo el día,
ch’una donzella fuora
cuando una muchacha salió
del proprio albergo uscì.
de su propia casa.

Sul pallidetto volto
Sobre su pálido rostro
scorgeasi il suo dolor,
afloraba su dolor,
spesso gli venia sciolto
y a menudo provenía
un gran sospir dal cor.
de su corazón un gran suspiro.

Sì calpestando i fiori
Andando sobre las flores
errava or qua, or là,
iba vagando, aquí, allá,
i suoi perduti amori
llorando de esta manera
così piangendo va:
su amor perdido:

«Amor», dicea, e ’l piè,
«Amor», decía, deteniendo el pie,
mirando il ciel, fermò,
mirando el cielo,
«Dove, dov’è la fe’
«¿Dónde, dónde está la fidelidad
che ’l traditor giurò?»
que el traidor me juró?»
Miserella, ah più no, no,
Pobrecilla, no puede más, ay,
tanto gel soffrir non può.
ya no puede soportar tanto sufrimiento.
«Fa che ritorni il mio
«Haz que vuelva mi amor
amor com’ei pur fu,
tal como antaño fue,
o tu m’ancidi, ch’io
o déjame morir, para que
non mi tormenti più.
no sufra más.
Non vo’ più ch’ei sospiri
No quiero ya que él suspire
se non lontan da me,
sino estando lejos de mí,
no, no che i martiri
no, no quiero
più non darammi affè.
que me dé más dolores.
Perché di lui mi struggo,
Pues el saber que por él ardo
tutt’orgoglioso sta,
satisface su orgullo,
che si, che si se ’l fuggo
quizá, quizá al alejarme
ancor mi pregherà?
él, a su vez, empezará a rogarme.
Se ciglio ha più sereno
Si ella tiene para él más serena
colei che ’l mio non è,
mirada que la mía,
già non rinchiude in seno
sin embargo no alberga en su seno
amor si bella fè.
un amor que sea tan fiel como el mío.
Né mai sì dolci baci
Ni tendrá nunca
da quella bocca avrai,
besos tan dulces de esa boca,
nè più soavi, ah taci,
ni más tiernos, ay calla,
taci, che troppo il sai.»
calla, él bien lo sabe.»

Sì, tra sdegnosi pianti,
Así, entre amargas lágrimas,
spargea le voci al ciel;
llenaba el cielo con su voz;
così nei cori amanti
así en el corazón de los amantes
mesce amor fiamma e gel.
el amor mezcla el fuego con el hielo.









pianissimo

Me ha encantado encontrarme con esto....igual cualquier pianista o instrumentista me dirá que esto no es una clase normal, pero igualmente, me interesa mucho por que encuentro en ella rasgos reconocibles de lo que es una clase crítica de arquitectura y por tanto, puedo entender que es extrapolable a cualquier arte.
Primero el interprete "junior" presenta su propuesta, su interpretación del supuesto que esta estudiando, el interprete "senior" escucha analíticamente y después comienza el diálogo entre lo que ambos interpretan, los factores o puntos inamovibles, los elementos que pertenecen a una opción personal y, lo que resulta; lo que se transmite en la obra tomando según y qué camino. A mi me ha parecido interesantísimo ...

a

Me acomodo en algunas palabras.
Soy capaz de recogerlas y soltarlas,
puedo recordarlas a voluntad,
puedo decirlas directas o con segundas
y hasta a veces hacer chistes con ellas
aun siendo palabras de las más serias
incluso científicas.

Son los pasos de alguien por el idioma con el que va creciendo.
En realidad, te recuestas y vas creciendo dentro del idioma.
Lo que significa la verdad con nueve años ya nunca vuelve a significarlo,
pues se engorda y complejiza.
Lo que sientes como amor también va cambiando,
lo que denominas amigo, familia, cariño,
los que crees mayores y pequeños …
Hay cosas que ensanchan en la boca como la belleza o como el miedo
e igualmente hay cosas que lentamente vas perdiendo,
como la magia o la certeza.

jueves

vocación

Hoy me he levantado y he ido al Archivo de la Villa (en el edificio del antiguo cuartel del Conde Duque). Allí, he revisado el expediente de un edificio catalogado, paseado con mimo por los planos y documentación del 1948, comentando lo curioso de las diferencias entre el proyecto y la obra ejecutada (de mayor calidad), la importancia de los oficios en la época, la maestría del cantero... Un cine del 1950, una preciosidad de planos hechos a plumilla y una conversación interesante. Luego he llegado a casa y me he puesto a encajar las medidas que tomamos ayer, para recomponer el alzado del estado actual. Aquí hay que tener en cuenta los gruesos de los materiales, los sistemas constructivos de la época, el deje del estilo predominante, algo historicista pero empapado de cierto tufillo de estilo internacional en la fachada trasera. Medidas que van y que viene, que aportan datos y esclarecen lo que hay o hubo detrás.
Mientras, en el ordenador, comentaba via internet los gustos y disgustos de las escaleras; mejores y peores diseños, precios, ideas sobre ligereza, materiales más entonados o más bonitos, habilidad al fin y al cabo de un oficio que se cree que puede con todo y a veces puede. El oficio de los que se atreven a crear el lugar donde otros van a vivir. Me declaro enamorada de mi oficio: la arquitectura. Y la salvo, discúlpenme la franqueza, de todos aquellos tontos que malentienden lo bueno y lo confortable cambiándolo como si de un rastrillo se tratase por oros y brillos, eso no es arquitectura sino incultura. ¡No es arquitectura señores!. Arquitectura es, ese sitio en el que estuviste en el que te sentías a gusto y no sabías muy bien por qué, igual ni recuerdas como era, pero volverías. Esa casa que te acoje cada vez que vas, en la que no tienes nunca frio en invierno, ni calor en verano, ... Ese museo en el que todo parece mejor, al que vas una y mil veces, y recorres sin esfuerzo. Esa ciudad en la que se vive bien, por la que pasea la gente, de parque en parque, de casa en casa, esa mesa en la que siempre te apetece comer aunque tengas la del salón, ese color del estudio que te encanta, que te dá vida, esa ventana de luz por la mañana, ese bloque donde los trasteros están a mano, donde puedes dejar la bici, ese lujo de merendar en la azotea contemplando la ciudad y el verde vegetal en la nariz y esos grandes grandes sitios, cuando uno sin saberlo entra en Santa Sofia, y toca el cielo con los ojos y con el alma.

(es dificil simplificar un amor tan complejo por algo tan elaborado como es la arquitectura pero, no podía dejar pasar la ocasión de declararme a ella, ahora que parece que los que amamos este oficio somos meros amantes del dinero ¡ no señores !)

miércoles

Singulares y plurales

Por: | 15 de febrero de 2012 EL PAÍS

Singular plural2

Algunas confusiones personales, sociales y políticas se sostienen en el hecho de no diferenciar lo individual de lo singular. Y suelen concretarse finalmente en algo parecido a “sálvese quien pueda”, “yo a lo mío”. En tal caso, el individualismo no tiene especiales dificultades para convivir con el egoísmo, incluso para identificarse con él. Disfrazado de contención en uno mismo, sin inmiscuirse en los asuntos ajenos, más bien se alimenta de una desconsideración para con lo colectivo y lo comunitario.

Con tal planteamiento, lo interesante sería casi exclusivamente la entronización del individuo y ello supondría la máxima expresión de la libertad, la libertad individual. Nada que objetar por supuesto a la reivindicación de esta libertad, si bien deberíamos detenernos en algunas consideraciones que no tratan de limitarla, sino de concretarla. Por ejemplo, conviene no desatender la posibilidad de que tengan razón quienes afirman que en verdad no seremos del todo libres hasta que no lo seamos todos.

Hegel sospecha de una noción de individuo que se reduce a proclamarse persona, lo que no está mal pero es insuficiente. En última instancia, es una declaración de derecho abstracto. Pareciendo centrarse en lo más próximo, resulta ser un himno a la indiscriminada indiferencia.

Más concreto sería ser sujeto, lo que nos situaría en el ámbito de la moralidad, lo que, de nuevo, sin estar mal, sigue siendo insuficiente. La verdadera concreción de la libertad consistiría en ser miembro activo de pleno derecho y partícipe en una comunidad, clave de la eticidad.

Así que no faltan quienes hacen proclamas sobre los derechos abstractos de las personas (no digamos el despropósito de denominarlas “personas humanas”), pero a quienes cuesta más reconocer todos sus derechos y obligaciones concretos, y tratarlos como miembros, en todos los sentidos y con todos los efectos, de una comunidad.

Esta estructura de Los Principios Fundamentales del Derecho de Hegel nos ayuda a definir que ser persona es lo específico del individuo universal abstracto, ser sujeto lo sería del particular y ser miembro activo de una comunidad es lo que nos hace ser alguien singular y concreto. Sólo se es diferente en comunidad. De lo contrario, se es indiferente.

Singular plural1

Llegar a ser singular tiene importantes consecuencias socio-políticas. Saber que nadie vivirá mi vida, que nadie dirá mi palabra, que nadie morirá mi muerte es reconocerse en lo común, hoy tan desconsiderado. Y es comprometerse en una tarea colectiva que siente que no se agota en los intereses individuales.

Está claro que cuando la situación es más complicada hay una tendencia a refugiarnos en nuestra individualidad, y no faltan quienes lo alientan. Al abrigo de la supuesta intemperie común, se ve afectada la solidaridad, la fraternidad ilustrada, la disposición a reconocer al otro en su diferencia. Cuanto es común se pone bajo sospecha. La crisis podría resultar una buena coartada para la insensibilidad para con los otros.

Pero incluso para abordar nuestra propia situación, precisamos de los demás. No sólo es que hemos de lograrlo juntos, con ellos, es que ellos precisan de nosotros. Es que ellos son también nosotros, aunque no los consideremos “de los nuestros”. La singularidad nos hace ser otros, y ello nos permite decir, “nosotros”, que siendo otros, somos sin embargo conjuntamente. Hay individuos que no son nada plurales.

Si no somos capaces de una tarea común, de una búsqueda compartida, el individualismo y el egoísmo se erigen en la máxima expresión de incapacidad social y política y entonces no cabe eludir nuestra responsabilidad, mayor o menor, pero responsabilidad, la de no ser capaces de generar espacios comunes, es decir, de comunicación y de comunidad. Y según la posición que adoptamos en estos asuntos se ven concernidas nuestras opciones de vida. Tales planteamientos, supuestamente alejados de nuestra existencia cotidiana, determinan nuestros valores y nuestras convicciones, nuestras decisiones y nuestras elecciones.

(Imágenes: Juan Muñoz, "Singular, plural, singular" y "Singular plural")

viernes

y ahora

Escribiré cuando quiera contar algo, pasearé cuando tenga que liberar equipaje, sonreiré cuando esté agradecida, buscaré tus ojos cuando sienta confianza, brindaré cuando me encuentre entre los míos, cocinaré cuando necesite calma y alimento, me vestiré cuando me perciba bonita, me maquillaré cuando me proteja, veré cuando halle luz donde mirar y miraré cuando pretenda cruzar alguna calle o a alguno, pintaré si estoy de humor y proyectaré si además me concentro, amaré, supongo, algún día, bailaré para sentirme y centrarme, hablaré poco o demasiado, nadaré en busca del ritmo del silencio, tendré avidez de saber cualquier materia, lloraré cuando no me quepa más y hasta que alcance la deriva que me asole, dejaré a la música poseerme cada día y mañana, moriré mientras los fuegos artificiales rompen el cielo y mis hijos gritan - ¡victoria! mamá,¡victoria!-

jueves

9 de febrero

Hoy me declaro natural de Philadelphia, hoy añoro mi desayuno en el porche, mi casa frente al lago en las afueras, hoy quiero hacer toda clase de duetos con amos lee, hoy quiero ser más country que ninguna ... ¡qué decir! salvo que de vez en cuando apetece perder de vista la responsabilidad y abandonarse a esa cordura que pertenece solo a los instintos ...






miércoles

lunes

miguel brieva y el mundo


< ... para seres bípedos con el encéfalo altamente desarrollado y pulgar oponible que les guste reírse de los demás tanto como de sí mismos. >

sábado

pausa

viernes

gélido



Pues bien, hoy acaba una etapa; se acerca un crudo invierno personal que espero ir sazonando a conveniencia de buenos momentos... Y mientras regresaba a casa, cuando los hilos del gélido aire dibujaban garabatos en mi cara, me sorprendo reencarnada en Emma thompson en "the winter guest" y adoro Escocia y a Alan Rickman! Y quiero quitarte el jersey desnuda en la chimenea, contemplando esa escalera de esculturas, esa vida sencilla y ese pelo liberado.

el gran tute

el gran tute
y la vida al desnudo