domingo

En transición hacia un mundo sin petróleo

Localidades de todo el planeta se preparan para resistir al cambio hacia una vida sin combustibles fósiles

GLORIA RODRÍGUEZ-PINA - MADRID - 07/08/2010 EL PAÍS

Que el petróleo es un recurso limitado con los días contados no lo discute nadie. El debate se centra más bien en determinar cuánto tiempo queda hasta que la producción mundial de crudo llegue a su cenit y comience a declinar, momento que algunos sitúan en fechas tan cercanas como 2013, 2015 y, otros como la Agencia Internacional de la Energía, en 2020. El vertido de BP, la demanda ascendente de China e India y las reducciones de CO2 por el calentamiento global han reactivado las alarmas. Miles de pueblos y ciudades de todo el mundo han decidido pasar a la acción, sin dramatismos, haciendo su particular transición hacia la vida sin el oro negro.

Totnes (10.000 habitantes), en Reino Unido, fue la primera población en dar los primeros pasos hacia la autosuficiencia e independencia de los combustibles fósiles en septiembre de 2006. El movimiento se ha extendido a todos los rincones del planeta, desde Chile hasta Japón pasando por India o Nueva Zelanda. En España van surgiendo tímidamente pueblos como Coín (Málaga) o Jerez de la Frontera (Cádiz), y ciudades como Barcelona o Vilanova i la Geltrú, que van andando hacia la Transición.

Estas iniciativas suelen comenzar con un grupo de personas preocupadas por el cambio climático y el pico del petróleo que se juntan para imaginar cómo será su municipio dentro de 20 años, por ejemplo, cuando el precio de la energía, los carburantes y los productos básicos se hayan disparado. Al grupo se le van uniendo personas mayores, familias y jóvenes de todas las clases sociales y colores políticos. Juntos, en encuentros que recuerdan a terapias de grupo, cuentan sus preocupaciones, buscan soluciones creativas y las ponen en marcha para que el futuro imaginado sea lo más placentero posible.

"La vida diaria en un pueblo de transición es igual que en cualquier otro", advierte Rob Hopkins, co-fundador del movimiento. Quienes participan activamente en el proyecto, sin embargo, reducen su consumo de energía y el uso del coche, cultivan y compran comida local, trabajan lo más cerca posible de sus casas, conocen a sus vecinos, construyen sus viviendas con materiales de la zona, aprenden habilidades perdidas como coser o hacer cestas de mimbre y tratan de no viajar en avión (él renunció a este medio de transporte hace cuatro años y cuando da charlas fuera del Reino Unido lo hace por videoconferencia). En Totnes, donde vive Hopkins, los vecinos comparten sus jardines para plantar verduras con quienes viven en pisos, las empresas encargan auditorias para reducir su consumo energético y más de 70 tiendas venden sus productos en libras totnes, su moneda local. En definitiva, potencian lo local y recuperan costumbres olvidadas en la era del petróleo barato como arma para resistir cuando esta etapa llegue a su fin.

La Red de Transición (Transition Network en inglés), que se desliga del posicionamiento político de grupos activistas ecologistas o anticapitalistas, ofrece herramientas de formación para quienes quieran iniciar una iniciativa. Como con las tecnologías de código abierto, cada grupo que pone en marcha una es libre de cambiar su modelo y mejorarlo para adaptarlo a sus necesidades. "Si alguien quiere empezar, que lo haga. No tiene que pedir permiso a nadie. La Transición es un experimento social fascinante que ofrece una serie de herramientas para comenzarlo", invita Hopkins.

Primeros pasos en España

En Coín (Málaga), más de 80 personas de todas las edades y profesiones se han puesto manos a la obra para hacerse resistentes cuando el crudo escasee. "No es cosa de cuatro hippies que se van a vivir a la montaña, porque se trata de un problema que afecta a todos", explica Claus Mikosch, fotógrafo alemán de 34 años y coiniciador en noviembre de 2009 de Coín en Transición. Como todos los pueblos que participan en el movimiento, no tienen reglas sino principios comunes y proyectos concretos. Ya tienen una huerta comunitaria y talleres de bioconstrucción y de fabricación de jabones.

La asociación Véspera da Nada se constituyó en Galicia en otoño de 2008 para concienciar sobre el cenit del petróleo. Han conseguido que Teo, un municipio de 20.000 personas cercano a Santiago de Compostela, sea el primer pueblo español en hacer una declaración institucional sobre esta cuestión. El alcalde, Martiño Noriega, un joven médico de 35 años del Bloque Nacionalista Galego, asegura en conversación telefónica que "ahora están dando contenido al manifiesto simbólico". Una comisión de trabajo realizará un informe de vulnerabilidad energética de la población y a partir de septiembre editarán una guía práctica para los vecinos. Manuel Casal, informático de 40 años miembro de Vespera da Nada, cuenta que también han logrado que Gaspar Llamazares (IU) presente una pregunta en el Congreso sobre presuntas presiones de EE UU a la Agencia Internacional de la Energía para ocultar datos de la oferta de hidrocarburos. "Esto obligará al Gobierno a informarse y posicionarse sobre el tema" argumenta.

BCN en Transicion y Transició a VNG llevan desde marzo y julio de 2009 impulsando el movimiento en Barcelona y Vilanova i la Geltrú respectivamente. Antonio Escolti, permacultor de 45 años, es miembro del grupo barcelonés, que está en fase de autoorganización. Dado el tamaño de la ciudad, su objetivo es crear conciencia en los barrios y actuar como catalizadores desde su asociación. Lo harán "aportando la chispa para que la gente se anime a pasar a la acción, y dándoles apoyo", según manifiesta por teléfono. Ton Dalmau, trabajador social, informático y trovador de 55 años, refiere que en Vilanova, donde también están en una primera etapa de consolidación, han creado tres grupos de trabajo: uno dedicado a planificar proyectos, otro que se ocupa de la alimentación y un tercero que quiere poner en marcha una moneda local.

En Jerez de la Frontera (Cádiz) ya tienen su alternativa al euro. Nicolas Patris, sociólogo francés de 34 años, expone al otro lado de la línea telefónica el funcionamiento del zoquito, como llaman a su moneda y red de trueque de bienes y servicios. En circulación desde hace más de un año, se utiliza como medio de pago en tiendas como peluquerías o fruterías o para servicios como masajes. Para simplificar el sistema, decidieron que un zoquito equivaldría al precio de un café. Los pagos se registran en una libreta en la que se apuntan los intercambios y que se recoge cada cierto tiempo para hacer un balance. "Se basa en la confianza mutua", concluye Patris.

Madrid todavía no cuenta con ninguna iniciativa, pero Javier Zarzuela, de 45 años y director de un colegio, se dedica a divulgar y estudiar el movimiento en todo el país desde su casa de La Navata, cerca de la sierra madrileña, en cuya terraza crecen tomates, calabazas y melones. "Tanto ser optimista como pesimista o catastrofista son extremos que nos invalidan para la acción. El optimista piensa que algo saldrá, algo inventarán y el catastrofista se dice que ya es imposible. Entre medias está lo positivo, la Transición: no sabemos si vamos a poder, pero vamos a hacer el camino. No sabemos cómo va a ser un mundo sin petróleo, pero vamos a andar para prepararnos y crear unas condiciones de vida aceptables", desarrolla Zarzuela con un tono calmado, como el ambiente que se respira en su casa.

viernes

sábado

tras estos días de inocencia interrumpida

Han pasado ya varios días desde que escribí en este foro por última vez, como también fueron pasando una tras otra las cosas que quería contar. Pues bien, hagamos familia de lo disperso y disfrutemos de la convivencia. Aquí están, tal cual aparecen en mi mente, las cosas más destacadas a comentar de las últimas semanas. A los que se visten de explorador, y a los que se quedan en cueros, y a los que salen a la mar, y al resto; Feliz verano!...

  • un momento de polipoesía: que viene a ser, un poema entendido como acto público, en el que se implementan al simple recitar, elementos como la performance, la música, la desfragmentación fonética, ..., consiguiéndose múltiples interpretaciones del texto... (seguramente les sonará pero, memoria de pez mediante, yo lo redescubrí una madrugada de miércoles de bochorno).


Además, algunos descubrimientos que, por extraño que parezca, provienen de un programa de televisión( de La 2, debo decir )...

  • http://recetasurbanas.net/
  • http://intervencionesenjueves.blogspot.com/
  • http://gl-es.facebook.com/group.php?gid=92023226549
  • http://www.todoporlapraxis.es/
Además, algunas películas, unas más capas de cebolla, otras más carcajada, buenas bandas sonoras, buenos lunes siempre: (hubo más pero estas son las imprescindibles, por varios motivos)






Además, alguna investigación y algún descubrimiento. Por ejemplo, podéis googlear GUTAI o GUTAJ, que es un movimiento artístico, wikipedia nos ilustra:

Gutai fue un grupo de artistas japoneses que realizaban arte de acción o happening. Nació en 1955 en el entorno de la región de Kasai. Sus principales miembros fueron Jirō Yoshihara, Sadamasa Motonaga, Shozo Shimamoto, Saburō Murakami, Katsuō Shiraga, Seichi Sato, Akira Ganayama y Atsuko Tanaka.

El grupo Gutai nace de la terrible experiencia de la Segunda Guerra Mundial. Rechazan el consumismo capitalista, realizando acciones irónicas, con un sentimiento de crispación, con una agresividad latente (ruptura de objetos, acciones con humo). Reciben influencia del arte de acción alemán, sobre todo del grupo Fluxus, y artistas como Joseph Beuys y Wolf Vostell.

El iniciador del grupo fue Jirō Yoshihara, que en 1955 realiza una acción sobre una cuba de gasolina de la guerra, sobre la que aparece en un barco hinchable; aunque hay un planteamiento global, el artista no da explicaciones, dando libertad a la interpretación del espectador. En la acción Cosa extraña moviéndose por el escenario se envuelve en papeles, en un escenario pintado, con una escalera, por donde se va moviendo; se percibe la influencia surrealista de Magritte.

Sadamasa Motonaga hizo Humo, en que instala unas máquinas de las que sale humo, accionando unas palancas, alusión a la bomba atómica. También realiza acciones con tubos de plástico, agua y luces, produciendo numerosos efectos visuales.

Shozo Shimamoto es autor de Anden por encima de esto, con una plataforma con fragmentos oscilantes por la que se pasa manteniendo el equilibrio. En Acción de pintar imita el gestualismo de Pollock, con recipientes de cristal con pintura que estrella en el suelo.

Saburō Murakami hace Acción de atravesar los biombos, estructuras cuadrangulares de papel de embalaje que penden del techo, sobre las que se lanza.

Katsuō Shiraga hace La pintura con los pies, danza sobre un soporte de papel, con los pies pintados, influencia de las antropometrías de Yves Klein. En Volver al barro se sumerge desnudo en el barro, hasta confundirse con él, como alusión a la muerte, al retorno a la materia primigenia.

Las obras basadas en la performance del grupo Gutai ampliaron el informalismo y la action painting hasta transformarlos en actos rituales de agitación.




Además, una de música y una despedida por vacaciones: casi todos los conocidos andáis fuera, así que, pásenlo bien, jueguen con los otros niños y regresen más anchos y más largos! besos a ambos lados apretando mejillas y una gran sonrisa! (mañana comienza la crónica pfcsummertimeparty)


miércoles

ternura de penumbra...llevo tiempo sin escribir



She's a dreamer she's a universe inside
She's a sleeper down on the ocean ride
She's a breaker a million miles behind
On the next boat she'll make it there in time
All she wants is a home away from home

He's a maker a mountain when he treads
He's a claimer for the new dawn ahead
He's a finder at the last port of call
On the first ship before the anchor falls
All he wants is a home away from home

They're old now but they still remember when
They knew how they'd lose out in the end
They're takers every woman every man
On the last liner to sail or be damned
All they want is a home away from home

How they wander how they roam
All aboard hurry home
All they want is a home away from home

domingo

dissemos, e partimos

Dissemos, e partimos.
Ou quebra, ou movimento,
O sentido é ambíguo:
O reverso do rosto, o rudimento.

Sem melodia a frase e o compasso,
porque o som é um mastro
vertical
no deserto do astro.

Grande é o mundo, maior o universo,
mais ainda se o digo.
Converso com o verso:
sonal de que estou vivo, mas em perigo.

Se esta rosa é rosa em cheiro e em sentido,
é por causa do nome.
Mas o gosto do pào que foi mordido
era o dente da fome.

Cá sentado no chào, entre formigas,
numa ilha de nada,
com um jardim de urtigas
e uma rosa cortada.

José Saramago

lunes

esta tarde llegué tarde al pfc y me enroco en la noche



There's a crow flying/Black and ragged/Tree to tree/He's black as the highway that's leading me/Now he's diving down/To pick up on something shiny/I feel like that black crow/Flying/In a blue sky

I took a ferry to the highway/Then I drove to a pontoon plane/I took a plane to a taxi/And a taxi to a train/I've been traveling so long/How'm I ever going to know my home/When I see it again/I'm like a black crow flying/In a blue, blue sky

In search of love and music/My whole life has been/Illumination/Corruption/And diving, diving, diving, diving./Diving down to pick up on every shiny thing
Just like that black crow flying/In a blue sky

I looked at the morning/After being up all night/I looked at my haggard face in the bathroom light/I looked out the window/And I saw that ragged soul take flight
I saw a back crow flying/In a blue sky/Oh I'm like a black crow flying/In a blue sky

viernes

La delgada línea verde

La naturaleza ha encontrado un lugar en el que refugiarse del ataque del ser humano. Es la zona desmilitarizada de Corea, una franja que separa a dos hermanas en guerra y sirve para que vivan en paz especies en peligro

ZIGOR ALDAMA - Seúl - 19/06/2010 EL PAÍS

El paralelo 38 no es más que una de esas líneas imaginarias que, con la ayuda de los meridianos, permiten al ser humano ubicar un punto en el globo terráqueo. Pero, a su paso por la península de Corea, cobra vida y deja de ser un concepto sin consecuencias. Se convierte en una muralla infranqueable más propia de otros tiempos, en un desubicado trozo del Telón de Acero, que separa a dos hermanas técnicamente en guerra.

Al norte, el régimen estalinista de Kim Jong-il utiliza la hoz y el martillo para asegurarse de que los 23,5 millones de habitantes no sacan su cabeza fuera del mayor agujero negro político del planeta, cuya miseria económica y ambición militar han llevado a la continua deforestación del territorio. Al sur, el neoliberalismo más feroz ha creado uno de los tigres asiáticos que ruge con más fuerza y, en un cuarto de siglo, ha convertido a un país que por sus estadísticas podría estar en el África subsahariana, en un rival económico de Europa y Japón. A costa de un brutal proceso de urbanización y una polución en aumento constante que han llevado a la desaparición de casi el 40% de los mamíferos y el 60% de los anfibios.

Entre ambos países, no obstante, el paralelo 38 ha dibujado un curioso anacronismo. Sus 248 kilómetros de longitud representan la frontera con mayor presencia militar del mundo, considerada por la mayoría de los analistas militares como uno de los pocos elementos desestabilizadores capaces de enfrentar en un conflicto bélico a las dos grandes superpotencias: China, aliado tradicional de República Popular Democrática de Corea, y Estados Unidos, un país comprometido con la defensa de la República de Corea.

Ha despertado esos temores la reciente crisis de la corbeta surcoreana Cheonan, hundida por Corea del Norte el pasado 26 de marzo, según una investigación internacional, y que provocó la muerte de medio centenar de marineros. El zafarrancho de combate sonó en mayo a ambos lados de la frontera, y los dos ejércitos sacaron a relucir su artillería pesada en el mar Amarillo. No obstante, en medio de este bombardeo preventivo ha existido un lugar en el que solo se escuchaba el canto de las grullas: la Zona Desmilitarizada (DMZ, del inglés Demilitarized Zone), una franja de cuatro kilómetros de ancho que da cuerpo al paralelo 38 y en la que el ser humano no ha puesto un pie en las últimas seis décadas.

Las alambradas y las torretas de vigilancia que representan el odio humano han sido, curiosamente, las que han creado un paraíso natural sin parangón en la Tierra. Es la delgada línea verde en la que se refugian algunos de los últimos especímenes de animales que ya no pueden verse en ninguna otra parte. Aunque no existe ningún estudio realizado in situ, el Programa Medioambiental de Naciones Unidas (UNEP) y varias ONG aseguran que aquí perviven todavía el leopardo del Amur, del que solo queda una treintena de ejemplares en Rusia; la grulla de coronilla roja, de la que se estima que un tercio sobrevive en la DMZ; el ciervo de agua chino, y animales en peligro de extinción como linces, osos y focas, entre muchos otros. En total, los científicos coreanos cifran en 2.700 el número de especies que habitan aquí, de las cuales 67 ya no se encuentran en otro lugar.

Con los prismáticos ubicados en el observatorio de Dorasan, el último bastión surcoreano, convertido en un búnker que atrae al año a más de un millón de visitantes que buscan sentir el último espasmo de la guerra fría, no cuesta imaginar la vida en este edén natural. La frontera aparece como un inmenso bosque acotado por dos franjas ocres en las que se erige la muralla de alambre de espino. La mayoría de los visitantes, sin embargo, no buscan especies raras, y enfocan los binoculares hacia el "otro lado", donde es visible la bandera con el mástil más alto del mundo. Son 160 metros que sobresalen entre los edificios desnudos de Kijong-dong, una ciudad fantasma de cartón piedra construida por el régimen de Pyongyang para tratar de impresionar a Seúl con un bienestar ficticio.

No obstante, en el museo que se esconde bajo la fortificación decorada con pintura de camuflaje, los guías de este insólito tour "para descubrir el dolor de una nación dividida" sí que hacen hincapié en el valor ecológico de la Zona Desmilitarizada. Entre las maquetas de los complejos militares y las muestras del equipamiento bélico de los soldados, una pequeña sala da respuesta a una pregunta que pocos se hacen hasta introducirse en su interior. ¿Cómo sería la vida si el ser humano desapareciera del planeta? "El experimento ya se ha hecho y está frente a todos ustedes", explica Kim Youseon, uno de los encargados de la visita. "Es el lado positivo de la Guerra de Corea, porque, sin ella, la DMZ habría sido sobreexplotada como cualquier otro lugar en la península".

Hay que remontarse a 1953 para dar con la última ocasión en la que un ser humano pisó la DMZ. Ese año se puso punto y seguido a la guerra de tres años que enfrentó a comunistas y capitalistas en esta pequeña, pero extremadamente conflictiva, protuberancia de Asia. Las dos Coreas firmaron un armisticio por el que pausaban las hostilidades, aunque no ponían fin a la guerra, y sellaban el acuerdo por el que se aceptaba la partición por el paralelo 38 de la nación coreana para dar como resultado dos Estados de sistemas opuestos entre los que se erigiría la DMZ y, en el caso de Corea del Sur, también una Zona de Control Civil cuya baja densidad de población serviría como primera alarma, y frente avanzado, en caso de invasión.

Pero es necesario echar la mirada un lustro más atrás para entender las razones que llevaron a este acuerdo. El fin de la II Guerra Mundial supuso también el final de la brutal expansión imperialista japonesa, tanto en Corea como en otros países del continente. La rendición anunciada por el emperador nipón sonó a canto de libertad e independencia. Pero las grandes potencias mundiales no tardaron en cercenar la esperanza.

En 1948, Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido acordaron la división temporal de la península por el paralelo 38, pero dos años más tarde, tropas norcoreanas dieron comienzo a la invasión del sur con el beneplácito de soviéticos y chinos. Se materializó entonces la peor de las pesadillas. Estados Unidos entró en acción y la Organización de Naciones Unidas aprobó una resolución que legalizaba la respuesta americana. No obstante, las tropas estadounidenses no fueron capaces de contener a los comunistas, y solo la intervención del general MacArthur consiguió dar un vuelco a la situación cuando sus militares estaban ya casi fuera del mapa.

Con la renovada estrategia militar, la enseña de las barras y estrellas consiguió arrinconar en el norte al ejército norcoreano, que entonces pidió auxilio a sus vecinos chinos. Vuelta a empezar. En los tres años que duró la guerra de Corea, que no hizo sino devolver a ambos países a la casilla de salida establecida en 1948, Seúl cambió de manos en cuatro ocasiones y la actual Zona Desmilitarizada quedó plagada de minas y de otros artefactos explosivos que todavía suponen el principal riesgo para los animales que la habitan hoy, aunque los expertos consideran que la mayoría no tiene peso suficiente como para hacerlos detonar y que, posiblemente, casi todos hayan quedado inutilizados con el tiempo.

Aunque parezca contradictorio, la mayor amenaza que se cierne sobre los 1.000 kilómetros cuadrados de esta imprevista reserva natural es la posibilidad de que algún día las dos Coreas sellen la paz. El objetivo último de ambos Gobiernos es la reunificación de la península, algo que conllevaría el desmantelamiento de la DMZ y la libre urbanización de la Zona de Control Civil, donde el ecosistema todavía se mantiene relativamente indemne.

Organizaciones como DMZ Forum trabajan para conseguir que la zona sea catalogada como sistema coreano de biorreserva de paz, una iniciativa lanzada en 1994 que busca promover una aspiración casi utópica: que no sea el modelo de desarrollo actual el que se coma la Zona Desmilitarizada, sino que los valores preservados en esta franja sean los que sirvan de ejemplo para el desarrollo económico del futuro país unificado. Ello incluiría el establecimiento de un parque natural que podría ser explotado como destino de ecoturismo. Después de haber retirado el millón de artefactos explosivos que lo salpican, claro.

Para ello, DMZ Forum ha redactado una hoja de ruta que incluye "el estudio científico de cómo la naturaleza se recupera ante la ausencia de interferencia humana, la reintroducción de especies vegetales y animales en el resto del territorio y la puesta en marcha de un proyecto medioambiental conjunto que beneficie y sirva para fortalecer la paz entre ambos países".

Pero, hasta entonces, los habitantes de la Zona Desmilitarizada tendrán que continuar luchando por su supervivencia. Porque los seres humanos no pueden atacarlos, pero sí son vulnerables a las consecuencias de su forma de vida. "Al fin y al cabo, la DMZ no es una isla, y allí también afectan la contaminación atmosférica y la polución del agua", comenta Kim.

La Federación Coreana de los Movimientos Medioambientales (KFEM) le da la razón. A ambos lados de la frontera, diferentes iniciativas empresariales han provocado un aumento en la densidad de población y en los contaminantes de la tierra. En Paju, situado solo cinco kilómetros al sur de la Zona Desmilitarizada, el número de habitantes se ha doblado desde 2003 hasta superar los 300.000.

Al otro lado, a solo diez kilómetros de la alambrada, el complejo industrial de Kaesong es uno de los principales núcleos económicos de Corea del Norte. Aquí, un centenar de empresas, sobre todo surcoreanas, proporcionan empleo a más de 40.000 privilegiados trabajadores que forman parte del primer experimento capitalista del dictador Kim Jong-il. El objetivo final era el establecimiento de una Zona Económica Especial, al estilo de las que iniciaron el cambio en China, que empleara a más de medio millón de norcoreanos en 2012, pero las tensiones entre ambos países han frenado el proyecto y, según KFEM, han supuesto un balón de oxígeno para el paraíso natural de la DMZ.

Los integrantes del tour prestan poca atención a la información sobre las plantas que han sobrevivido a su extinción en el paralelo 38. Hay expectación por ver el lugar en el que la línea se reduce a su mínima expresión. En Panmunjeom, la frontera no es más que un escalón de cemento de unos 20 centímetros de alto. Soldados de ambas Coreas se miran, como escrutando sus pensamientos, en un escenario en el que parece como si se rodara una película histórica. Pero la tensión es aquí real y actual.

En el campamento Bonifas, el principal edificio de la Zona de Seguridad Compartida, se celebran las conversaciones de paz y se firman acuerdos. Salvo en las escasas ocasiones en las que se celebran reuniones diplomáticas, y en aquellos momentos en los que la tensión entre ambas Coreas escala hasta niveles peligrosos, los visitantes pueden recorrer las salas del complejo. Reina el silencio. El paralelo 38 es aquí reflejo de un infierno humano. Solo se escuchan el eco de las órdenes de los oficiales y los golpes secos de los fusiles. Aunque no llegue hasta aquí su sonido, no muy lejos canta la rara grulla de coronilla roja.

jueves

ARTICULOS

Arquitectura y 'vuvuzelas' VICENTE VERDÚ 17/06/2010 EL PAÍS

Más allá del interés que el grupo de los Jóvenes Artistas Británicos (Young British Artist) despertó hace unos años por el arte contemporáneo a través de sus extravagancias, sus procacidades y sus escándalos, la arquitectura ha logrado también protagonismo por sus extravagancias o sus espectáculos gigantes y, por si faltaba poco, por la fetidez de su burbuja.

Un congreso de arquitectos titulado Más por menos, al que han acudido tres premios Pritzker y medio millar de estudiantes y profesionales de toda índole, concluyó la semana pasada en Pamplona con este diagnóstico central: la crisis derriba ya el edificio estrella y en su solar crece la modestia y el pudor. ¿Una regresión? ¿Un destino antimediático? ¿Una maniobra sacrificial?

Guste o no a los muchos arquitectos que participaron en el acto amparado por la Fundación Arquitectura y Sociedad, los desmanes y griteríos de la arquitectura más radiante e inmediata han provocado, primero, la afonía y, después, el fin de su mejor pensamiento social de casi toda la vida.

Las alternativas que se presentaron en esta importante reunión, especie de catarsis bíblica y ceremonia inaugural de otra época, fijaron la atención sobre opciones y soluciones constructivas, diseños y nuevos materiales que, en conjunto, por su exposición ilusionada parecían pertenecer a un talante definitivamente sepultado bajo edificios como el Guggenheim de Gehry, el de la radiotelevisión china de Koolhaas o la Ciudad de las Ciencias de Calatrava. Edificios y complejos que han llenado de luces y colores la época de prosperidad y, como efecto, han llenado la cabeza de pájaros exóticos el porvenir de un sinfín de alumnos.

Todavía en exposiciones recién inauguradas, como la internacional de Shanghai, o que acaban de cerrarse, como la del Agua en Zaragoza, la presencia de construcciones inútiles, tan aparatosas como despilfarradoras, siguen ocupando la pista central. Pero la crisis económica y cultural en la que de golpe hemos llegado a precipitarnos ha orientado el pensamiento hacia recursos e ideologías que anteponen la vida real al efectivismo, la austeridad pacífica a la guerra de la magnificencia y la funcionalidad al malabar.

No todos los ponentes proclamaron este insurgente cambio de rumbo. Algunos de ellos, Pritzker y autores de obras mastodónticas como Piano o Herzog, desgranaron sus dudas sobre el carácter de un mundo mejor, pero otro Pritzker último, el australiano Glenn Murcutt, fue tan oscuro y pesado hablando como luminoso y estimulante en la presentación de sus edificios alternativos.

¿Alternativos? Nadie quería pronunciar la palabra "sostenibilidad", en parte porque si un edificio no se sostiene ¿qué clase de edificio puede ser? Y, en segundo lugar, porque la sostenibilidad ha venido pronto a convertirse en un concepto basura igualando el amor mismo por el desecho del que pretende servirse para vivir desde el detritus a la eternidad.

Mark Wigley, decano en la universidad de Columbia, fue quien perfiló la probable nueva figura del arquitecto que, no necesitando ya dibujar, no necesitando conocimientos técnicos para construir, no necesitando ser artista, puesto que todo ello va y viene del ordenador al tablero y del tablero al ordenador, puede transformarse en un actualizado intelectual tan inédito como oportuno. La visión habitacional de la sociedad, dentro y fuera de la Red, la ponderación de las relaciones a través del hábitat y, en suma, la observación de los espacios en los que nos comunicamos e interaccionamos, sitúa la figura del arquitecto en un privilegiado vigía para un armónico destino colectivo.

¿El arquitecto es un filósofo, un moralista? Y un sociólogo y un político, y tres o cuatro cosas más. Al congreso asistió también el muy tormentoso Slavoj Zizek, sociólogo, filósofo, psicoanalista, lacaniano, hegeliano y esloveno. De ningún modo el caos de su discurso eléctrico desentonaba con los calambres que la crisis ha producido aquí y allá pero, sobre todo, el continuo sonar de sus vuvuzelas teóricas se correspondían bien con las que, de una a otra punta del mundo, anuncian el paso de una fanfarria arquitectónica a una sencilla arquitectura de la honradez. O lo que es lo mismo: la sustitución del menos fotogénico, por la honesta genética del más.

sábado

ayer nuevamente murió la justicia

Este mundo de la injusticia globalizada

JOSÉ SARAMAGO 06/02/2002 obtenido del periódico EL PAÍS

Comenzaré por contar en brevísimas palabras un hecho notable de la vida rural ocurrido en una aldea de los alrededores de Florencia hace más de cuatrocientos años. Me permito solicitar toda su atención para este importante acontecimiento histórico porque, al contrario de lo habitual, la moraleja que se puede extraer del episodio no tendrá que esperar al final del relato; no tardará nada en saltar a la vista.

Estaban los habitantes en sus casas o trabajando los cultivos, entregado cada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó sonar la campana de la iglesia. En aquellos píos tiempos (hablamos de algo sucedido en el siglo XVI), las campanas tocaban varias veces a lo largo del día, y por ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que no constaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de fenecer. Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron los niños, dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y en poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesen por quién deberían llorar. La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló. Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en el umbral. Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le preguntasen dónde se encontraba el campanero y quién era el muerto. 'El campanero no está aquí, soy yo quien ha hecho sonar la campana', fue la respuesta del campesino. 'Pero, entonces, ¿no ha muerto nadie?', replicaron los vecinos, y el campesino respondió: 'Nadie que tuviese nombre y figura de persona; he tocado a muerto por la Justicia, porque la Justicia está muerta'.

¿Qué había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras, metiéndolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada avance se reducía más. El perjudicado empezó por protestar y reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvió quejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la justicia. Todo sin resultado; la expoliación continuó. Entonces, desesperado, decidió anunciar urbi et orbi (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en ella) la muerte de la Justicia. Tal vez pensase que su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y costumbres, que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos por la muerte de la Justicia, y no callarían hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido... No sé lo que sucedió después, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino a volver a poner los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez declarada difunta la Justicia, volvieron resignados, cabizbajos y con el alma rendida, a la triste vida de todos los días. Es bien cierto que la Historia nunca nos lo cuenta todo...

Supongo que ésta ha sido la única vez, en cualquier parte del mundo, en que una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto tocar por la muerte de seres humanos, lloró la muerte de la Justicia. Nunca más ha vuelto a oírse aquel fúnebre sonido de la aldea de Florencia, mas la Justicia siguió y sigue muriendo todos los días. Ahora mismo, en este instante en que les hablo, lejos o aquí al lado, a la puerta de nuestra casa, alguien la está matando. Cada vez que muere, es como si al final nunca hubiese existido para aquellos que habían confiado en ella, para aquellos que esperaban de ella lo que todos tenemos derecho a esperar de la Justicia: justicia, simplemente justicia. No la que se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de vana retórica judicial, no la que permitió que le vendasen los ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo. Una justicia ejercida por los tribunales, sin duda, siempre que a ellos los determinase la ley, mas también, y sobre todo, una justicia que fuese emanación espontánea de la propia sociedad en acción, una justicia en la que se manifestase, como ineludible imperativo moral, el respeto por el derecho a ser que asiste a cada ser humano.

Pero las campanas, felizmente, no doblaban sólo para llorar a los que morían. Doblaban también para señalar las horas del día y de la noche, para llamar a la fiesta o a la devoción a los creyentes, y hubo un tiempo, en este caso no tan distante, en el que su toque a rebato era el que convocaba al pueblo para acudir a las catástrofes, a las inundaciones y a los incendios, a los desastres, a cualquier peligro que amenazase a la comunidad. Hoy, el papel social de las campanas se ve limitado al cumplimiento de las obligaciones rituales y el gesto iluminado del campesino de Florencia se vería como la obra desatinada de un loco o, peor aún, como simple caso policial. Otras y distintas son las campanas que hoy defienden y afirman, por fin, la posibilidad de implantar en el mundo aquella justicia compañera de los hombres, aquella justicia que es condición para la felicidad del espíritu y hasta, por sorprendente que pueda parecernos, condición para el propio alimento del cuerpo. Si hubiese esa justicia, ni un solo ser humano más moriría de hambre o de tantas dolencias incurables para unos y no para otros. Si hubiese esa justicia, la existencia no sería, para más de la mitad de la humanidad, la condenación terrible que objetivamente ha sido. Esas campanas nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia distributiva y conmutativa que todos los seres humanos puedan llegar a reconocer como intrínsecamente suya; una justicia protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus negaciones. He dicho que para esa justicia disponemos ya de un código de aplicación práctica al alcance de cualquier comprensión, y que ese código se encuentra consignado desde hace cincuenta años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquellos treinta derechos básicos y esenciales de los que hoy sólo se habla vagamente, cuando no se silencian sistemáticamente, más desprestigiados y mancillados hoy en día de lo que estuvieran, hace cuatrocientos años, la propiedad y la libertad del campesino de Florencia. Y también he dicho que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tal y como está redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de principios y a la claridad de objetivos, a los programas de todos los partidos políticos del mundo, expresamente a los de la denominada izquierda, anquilosados en fórmulas caducas, ajenos o impotentes para plantar cara a la brutal realidad del mundo actual, que cierran los ojos a las ya evidentes y temibles amenazas que el futuro prepara contra aquella dignidad racional y sensible que imaginábamos que era la aspiración suprema de los seres humanos. Añadiré que las mismas razones que me llevan a referirme en estos términos a los partidos políticos en general, las aplico igualmente a los sindicatos locales y, en consecuencia, al movimiento sindical internacional en su conjunto. De un modo consciente o inconsciente, el dócil y burocratizado sindicalismo que hoy nos queda es, en gran parte, responsable del adormecimiento social resultante del proceso de globalización económica en marcha. No me alegra decirlo, mas no podría callarlo. Y, también, si me autorizan a añadir algo de mi cosecha particular a las fábulas de La Fontaine, diré entonces que, si no intervenimos a tiempo -es decir, ya- el ratón de los derechos humanos acabará por ser devorado implacablemente por el gato de la globalización económica.

¿Y la democracia, ese milenario invento de unos atenienses ingenuos para quienes significaba, en las circunstancias sociales y políticas concretas del momento, y según la expresión consagrada, un Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? Oigo muchas veces razonar a personas sinceras, y de buena fe comprobada, y a otras que tienen interés por simular esa apariencia de bondad, que, a pesar de ser una evidencia irrefutable la situación de catástrofe en que se encuentra la mayor parte del planeta, será precisamente en el marco de un sistema democrático general como más probabilidades tendremos de llegar a la consecución plena o al menos satisfactoria de los derechos humanos. Nada más cierto, con la condición de que el sistema de gobierno y de gestión de la sociedad al que actualmente llamamos democracia fuese efectivamente democrático. Y no lo es. Es verdad que podemos votar, es verdad que podemos, por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido, escoger nuestros representantes en el Parlamento; es cierto, en fin, que de la relevancia numérica de tales representaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría impone, siempre resultará un Gobierno. Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia. Todos sabemos que así y todo, por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja ver la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco más que un conjunto de formas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica. Y no nos percatamos, como si para eso no bastase con tener ojos, de que nuestros Gobiernos, esos que para bien o para mal elegimos y de los que somos, por lo tanto, los primeros responsables, se van convirtiendo cada vez más en meros comisarios políticos del poder económico, con la misión objetiva de producir las leyes que convengan a ese poder, para después, envueltas en los dulces de la pertinente publicidad oficial y particular, introducirlas en el mercado social sin suscitar demasiadas protestas, salvo las de ciertas conocidas minorías eternamente descontentas...

¿Qué hacer? De la literatura a la ecología, de la guerra de las galaxias al efecto invernadero, del tratamiento de los residuos a las congestiones de tráfico, todo se discute en este mundo nuestro. Pero el sistema democrático, como si de un dato definitivamente adquirido se tratase, intocable por naturaleza hasta la consumación de los siglos, ése no se discute. Mas si no estoy equivocado, si no soy incapaz de sumar dos y dos, entonces, entre tantas otras discusiones necesarias o indispensables, urge, antes de que se nos haga demasiado tarde, promover un debate mundial sobre la democracia y las causas de su decadencia, sobre la intervención de los ciudadanos en la vida política y social, sobre las relaciones entre los Estados y el poder económico y financiero mundial, sobre aquello que afirma y aquello que niega la democracia, sobre el derecho a la felicidad y a una existencia digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidad o, hablando con menos retórica, de los simples seres humanos que la componen, uno a uno y todos juntos. No hay peor engaño que el de quien se engaña a sí mismo. Y así estamos viviendo.

No tengo más que decir. O sí, apenas una palabra para pedir un instante de silencio. El campesino de Florencia acaba de subir una vez más a la torre de la iglesia, la campana va a sonar. Oigámosla, por favor.

BpfcC 1.0

Hoy comienzo, verdaderamente/realmente/oficialmente, el primer paso hacia mi final de carrera maratón o media maratón. Ya que es sábado y no tengo plan, vaciaré mi mente y la rellenaré hora tras hora, hasta que el cuerpo aguante, de lucecitas. Los deberes son: repasar lo comentado en las jornadas, (no distraerme con gilipolleces ), empezar el "tocho de neila", ( no entrar en el facebook ), y buscar y rebuscar, de entre toda la red suspendida virtualmente a lo largo y ancho del mundo, un vértice de inspiración.

Les iré informando; comienza la aventura!

pdt: he escrito en una hoja mi previsión mensual y fecha de entrega y lo he guardado en un sobre lacrado ( como secuestrar en un baul a uno de lepe )

--- primera imagen, primer camino, primera tipiquez, primera paja mental ---




de la semana en el fin

en el fin de la semana

miércoles

VUELO

Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar... Pero ¿quién ama? Volar... Pero ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otros como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir: apremiante
tuvo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de batirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.

miguel hernandez

lunes

sábado

29.05.10

Hoy tampoco remonto el espíritu tanguero, creo que dejaré mi destino, sea sol o nubarrones, en las brasas de la empanadilla sabadeña ... oh tierna quinta esencia de la fritanga! líbrame de mí, aléjame del vacío de la tribulación cíclica, a los pastos donde tu relleno nace quiero viajar, no permitas a mi alma ufanarse cobarde, tornala alegre y embriagada de licores. Que no junte los puntos, que no vea el horizonte, que solo coteje cada extremo cuando lo alcance y que me escriba, cuando acierte a dibujar cada aleatorio lunar que construye un dorso desnudo.

viernes

28.05.10

y a mi que estas canciones tristes me arrancan una sonrisa ...
(siento repetirme)

muy propio

domingo

entre las comas

musica y domingo, y entrega y cabeza dispersa por el calor en el agua de limón, de reojo las chanclas, cercanos a los tirantes y la crema en la cara, hacia el frente la cumbia y el jolgorio del patio interior, reunión colombiana y no se puede bajar el volumen, reggeatón sin ton ni son, y ducha, y ducha de agua fria, y toldos de rayas que salen de nuevo, ilusionados y prestos, tersos y castizos, ... toldos de nuevo, bajo mayo y su sol, a pasear!





repetirSE

sábado

standby

standby ... faltos de sueños

domingo

madrileños por el mundo

Tanto minuto dedicado, cuanta armonía conseguida.
Hay conjuntos perfectos, mezcla de varios que encajan, que charlan y paran el tiempo.

Solo por momentos, uno se altera y rebate, otro se ríe mientras alguien sale de la cocina. Una empanada frente a otra, falafel, lomo y jamón, cerveza, agua del grifo, no se necesita un escenario. Todo avanza.
Es más que una casa, pasas la puerta; un cobijo donde se guardan esos restos de pureza por los que no han pasado las dudas. Allí los ves, pasean y juegan nuestros sueños, unos con otros, se mezclan, se pelean y se enamoran de la vida por venir.
Unos y otros se hablan y se sonríen, se premian y adelgazan sus miedos. Pues es eso, al fin y al cabo; ser feliz es cosa de momentos y el resto, pasajero desagradecido de su patrimonio.

No sé si Anne será mejor que Ramonchu, ni sé si los jóvenes seremos viejos mañana, más o menos sabios que nosotros, necios y sabios que cobramos por horas un tiempo parcial.

Amigos, se que esto es un poco cursi. Quizá sea demasiado, pero siento que hay veces que uno necesita hacer un picnic en su casa.



;) madrileña por el mundo

viernes

16 abril ... venga el sol por donde quiera!

Aqui dejo un articulito savateriano de los que me gustan, uno de esos que te lleva a otras cosas y te conecta con otras gentes.

Conseguir la inmortalidad
FERNANDO SAVATER 10/04/2010
BABELIA, EL PAÍS

"El objetivo serio y concreto, la meta declarada y explícita de mi vida es conseguir la inmortalidad para los hombres. Hubo un tiempo en el que quise prestar este objetivo al personaje central de una novela que, para mis adentros, llamaba El enemigo de la muerte". Por lo que sabemos (aún quedan inéditos por publicar), Elias Canetti nunca llegó a escribir ese libro que le obsesionaba y cuyo proyecto, estrellado en fragmentos, constituye el zigzagueante hilo rojo que puede guiarnos a través de toda su obra. Conocemos muchos autores que han pretendido alcanzar, por medio de sus escritos, la inmortalidad literaria: pero pocos que se hayan propuesto inmortalizar a todos los hombres, es decir, matar a la muerte. Sólo conozco dos, el propio Canetti y Unamuno. El primero de ambos reconoce con una mueca su complicidad con el otro: "Unamuno me gusta: tiene los mismos malos atributos que conozco por mí mismo, pero jamás se le ocurriría avergonzarse de ellos".

No hay en el pasado siglo una creación fragmentaria o aforística superior en cantidad y calidad a la que dejó Canetti: aún no la conocemos toda, sigue creciendo. Lo que la hace singular es su vocación teórica, alejada de efectos chocantes o humorísticos, de la tentación de deslumbrar. Siempre sostuvo que no hace falta sacar a desfilar el mero ingenio cuando realmente se tiene algo que decir y por ello su modelo fue el contenido y a veces opaco Joseph Joubert. Para Canetti, el empeño que trocea y dispersa su mensaje es parte precisamente de la batalla contra la muerte, su objetivo principal. Otros buscan la unidad y luchan por no desintegrarse, pero él sabe que la muerte es el enemigo que nos unifica irreversiblemente con su universalidad, por eso sigue la estrategia opuesta: "¡Cómo debe repartirse una y mil veces para conservar el aliento mediante el cual aspira al mundo! (...) ¡Cómo tiene que guardarse de calar hondo en demasiadas cosas, pues todo aquello en lo que cala se le acaba convirtiendo en nada!". Lo que pretende llegar al fondo, fijo y perpetuo, es precisamente la clave de lo que nos aniquila.

Como Unamuno a su modo y como Cioran al suyo, Canetti se zafa de la obligación de dar cuenta y razón metafísica de la protesta inverosímil que alza en él su voz contra lo irremediable. No le desanima verse ultrajado por exceso de subjetivismo. Al contrario, se regodea en ello y de este modo se hace insustituible para el lector y quizá también para quien pretende comenzar a escribir: "Di tus cosas más personales, dilas, es lo único que importa, no te avergüences, las generales están en el periódico". -

2:08

jueves

Relatos adhesivos

ENRIQUE VILA-MATAS 06/04/2010 EL PAÍS

La tormenta era fuerte y no había modo de encontrar taxi y acabé compartiendo uno con un desconocido -un joven con aire de poeta- al que dejé en un bar y luego continué camino. Durante el trayecto no paró de hablar. Sin haberse ni tan siquiera presentado, empezó diciéndome que en el mundo todo iba muy mal y que iría aún mucho peor en las siguientes semanas, meses y años. Todo fatal, apostilló. Y después no paró de pedirme opiniones. Qué pensaba sobre esto, sobre aquello, sobre la reciente reconstrucción del big bang original en Ginebra, sobre el retraso cultural español, sobre el movimiento aftergoogle, sobre la infinita estirpe de los necios y finalmente qué pensaba sobre un libro brillante y divertido que acaba de editarse, Elogio del pesimismo. Frenó unos segundos la intensidad de sus preguntas, pero sólo para poder regresar con más fuerza y decirme que el arte tenía algo que ver con lograr la quietud en medio del caos.

-La quietud intrínseca a la plegaria y también al ojo de la tormenta -concluyó rotundo.

Y luego se quedó completamente callado. Fue un momento poético casi digno de aplauso porque consiguió que me concentrara y pensara en el ojo mismo de aquella tempestad que asolaba Barcelona. Pero también es cierto que sólo conocí la verdadera quietud cuando por fin él se bajó del taxi.

Había ya recuperado la calma cuando el taxista me dijo de repente: "Ese joven hablaba muy bien, ¿se ha fijado? Pero que muy bien. Y sabía preguntar". Me pareció una escena ya vivida, pero no sabía dónde ni cuándo. "A mí también me gusta preguntar", dijo el taxista. Y quiso saber si no pensaba que raramente tratamos con personas razonables y no sé cuantas otras cosas más quiso saber y se fue haciendo palpable que se le había adherido el tono del desconocido.

Está naciendo un sentido, pensé, y quién sabe, tal vez el primer sentido también surgió así: alguien, en la noche de los tiempos, se contagió del tono narrativo de otra persona y en medio del caos nació un sentido, tal como lo he visto hoy nacer también aquí en este taxi... No mucho después, me acordé de por qué aquella escena de contagio me había parecido ya vivida anteriormente. Un día de hacía ya años, Monterroso había contado en Barcelona a los amigos un viaje de noche en taxi con Juan Rulfo por México D.F. Como se sabe, en esa ciudad el más corto trayecto puede durar más de una hora, y ese día, acompañando a Rulfo a su casa, el viaje para Monterroso se fue haciendo interminable mientras su amigo, tocado por las tequilas, trataba de contarle cómo era la novela en la que trabajaba y con la que rompería su silencio de tantos años después de Pedro Páramo. A medida que la contaba, la novela se iba volviendo cada vez más y más extraña y caótica. Tras hora y media de viaje y de novela enredada, Monterroso dejó finalmente en su casa a Rulfo. Bajó del coche y lo acompañó hasta la puerta y se despidió y, al volver al taxi, creyó que iba a quedarse tranquilo por un rato.

"Ese hombre contaba muchas historias...", oyó con cierta alarma que le decía el taxista. Y el tono empleado por éste comenzó a sonar semejante al de Rulfo, como si se le hubiera contagiado la cantinela del caos y hubiera quedado tocado por el encanto de un relato adhesivo. "Yo también tengo una vida muy triste para contar, señor..." A lo largo de la hora que aún duraría el trayecto y que les llevó a cruzar la ciudad entera, aquel conductor fue castigando a Monterroso con su tragedia personal de alma perdida. "Una vida seca y muy desconsolada, señor..." Una vida surgida del caos mismo y de la que fue naciendo un tono y un sentido. Contada en uno de los muchos taxis en los que cada día se reconstruye la escena del big bang original.

sábado

02.04.10

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir".

No se por qué me salvo la vida. Quizá en esos últimos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No solo su vida; la vida de todos. Mi vida.
Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos; de donde vengo, a donde voy, cuanto tiempo me queda.
Todo lo que yo podía hacer era sentarme ahí y verle morir.

jueves

Rebelión en la granja

La civilización humana se basa en el maltrato de los animales. La polémica sobre los toros no revela acercamiento a la naturaleza, sino el predominio humanista de la compasión y la hipocresía

FERNANDO SAVATER
EL PAÍS - Opinión - 16-03-2010

Lo que diferencia el actual episodio del enfrentamiento entre taurinos y antitaurinos en el Parlamento catalán de otras fases de ese cíclico y antiguo debate es que por primera vez parece plantearse efectivamente la abolición de las corridas de toros en una región española. De modo que lo que se discute -o se debería discutir- no es tanto si ese espectáculo es una fiesta artística, portadora de tales y cuales valores, o por el contrario una muestra de barbarie anticuada, sino si debe o no ser prohibida para todos, la acepten o la rechacen. Es perfectamente imaginable que haya personas que sientan desagrado y repugnancia por las corridas pero que consideren abusiva su prohibición; incluso puede haber aficionados contritos que, reconociendo su gusto por ellas, admitan la necesidad de suprimirlas para verse libres de tan pecaminosa tentación, siguiendo el criterio de Pérez de Ayala: "Si yo mandase en España, suprimiría las corridas... pero como resulta que no mando, no me pierdo ni una".

De modo que ahora el viejo debate alcanza un nivel efectivamente político, como también es político su trasfondo. No ha sido ciertamente Esperanza Aguirre la primera en politizarlo, como aseguran los que siempre miran la realidad con un ojo abierto y otro cerrado: aunque las argumentaciones escuchadas en el Parlament no sean de corte nacionalista, sin una motivación de fondo nacionalista no habría habido iniciativa popular ni probablemente ésta hubiera llegado al punto actual. Lo resume muy bien un chiste aparecido en La Razón: un litigante muestra un rehilete, con el palo decorado con el característico papel rizado rojo y gualda, explicando: "Esto es una banderilla; la parte de abajo causa heridas leves al toro y la parte de arriba hay que reconocer que ha causado esta comisión". Claro que mejor que el debate sea en último término político, pues para eso se lleva a cabo en un Parlamento, que moral, como absurdamente suponen algunos. ¡No falta ya más que los Parlamentos decidan lo que es moral y lo que no lo es! Como parece que había quedado claro en otros casos -por ejemplo, el del aborto- el Parlamento no está para zanjar cuestiones de conciencia individual, sino para establecer normas que permitan convivir morales diferentes sin penalizar ninguna y respetando la libertad individual. Ahora, por lo visto, hay quien reclama del Parlament precisamente lo opuesto... Lo digo porque en lo tocante a la moral, que es cuestión a la que he dedicado cierta perpleja atención durante bastante tiempo, no hay tanta unanimidad respecto al trato debido a los animales como algunas almas delicadas parecen suponer. Existen más razonamientos éticos en el cielo y en la tierra de lo que la filosofía de Peter Singer supone y no es lo mismo ser bueno que ser guay, aunque el matiz diferencial pueda resultar difícil de captar hoy en países como el nuestro. El repudio de la crueldad (no digamos "innecesaria", porque si fuese necesaria ya no sería crueldad) y del maltrato animal es moneda corriente en los moralistas desde Tomás de Aquino, pero en cambio hay menos unanimidad a la hora de establecer qué diferencia a esas prácticas perversas de otras formas del empleo humano de las bestias. Y ahí es donde esta discusión se hace desde un punto de vista teórico más sugestiva: ¿qué hemos hecho y qué hacemos con los animales?, ¿en qué medida la relación con ellos ha configurado nuestra civilización e incluso nuestra "humanidad"? Para empezar a comprender estos asuntos es imprescindible retroceder bastante en el tiempo. Digamos hasta el comienzo de la historia. El desarrollo de la sociedad humana se basa desde el principio en la utilización de animales para nuestros fines: nos han servido de alimento ("todo lo que nada, corre o vuela... ¡a la cazuela!"), de fuerza motriz tirando de carros o haciendo girar norias, de transporte y de arma de guerra (¡los escuadrones de Alejandro, los elefantes de Aníbal!), sus pieles curtidas nos han vestido y nos han calzado, han arado los campos, han defendido nuestras casas y nuestros rebaños (¡también formados por animales!) y -supongo que lo más humillante de todo- nos han servido de pasatiempo en circos y otros espectáculos, nos han hecho zalemas como mascotas de compañía y han trinado en jaulitas a la espera de su alpiste. Por no mencionar a los que han donado involuntariamente -y a veces aún vivos- sus cuerpos a la ciencia para el avance de la medicina, la cosmética y hasta la astronáutica (¡Laika, pionera del Sputnik!). Nos han sido imprescindibles para evitar males mayores: el antropólogo Marvin Harris justificó que los aztecas se comiesen a sus prisioneros por la ausencia en su territorio de mamíferos de talla suficiente para poder convertirse en fuente de proteínas y Jared Diamond explica el rezago de ciertas poblaciones africanas por carecer de bestias domesticables que pudiesen servirles para el transporte o la carga. Si tantos y tan variados empleos son formas de maltrato, hay que reconocer que la civilización humana se basa en el maltrato de los animales. De modo que resulta un poco risible el argumento abolicionista de "que le pregunten al toro si le parece arte que le piquen o le den la puntilla". Tampoco nadie le pregunta a la merluza si quiere donar su cogote a las sociedades gastronómicas o a los bueyes si quieren tirar del arado. Ni a perros, gatos o caballos de carreras si quieren ser castrados por nuestro bien. Porque en el caso del debate actual debe quedar claro que no se trata de introducir en nuestra cultura las corridas, sino de prohibir una práctica secular. ¿Que no sería hoy admisible iniciarlas? Imaginemos si aceptaríamos con los valores vigentes empezar a criar animales para alimentarnos con ellos. Me parece estar oyendo a quienes contemplasen corretear a unos pollos o a unos terneros: "¡Qué ricos son! ¿Verdad? Me refiero a que parecen sabrosos...". Reconocemos que en los mataderos o las granjas avícolas industriales los bichos no lo pasan nada bien, pero se arguye que en tales lugares no se venden entradas para el espectáculo. Sin embargo, el argumento se vuelve contra lo que intenta demostrar, pues si fuera verdad que los espectadores disfrutan con el sufrimiento animal frecuentarían esos dignos establecimientos en lugar de las plazas de toros. Otros se escudan en que no es lo mismo sacrificar animales para atender nuestras necesidades que para satisfacer diversiones o lujos. Pero, como señaló Valéry, "tout ce qui fait le prix de la vie est curieusement inutile". El asunto de fondo sigue siendo el mismo: ¿tenemos derecho o no?, ¿es crueldad o no? La preocupación por el bienestar de los demás seres vivos obtuvo el patronazgo de notables ilustrados -Montaigne, Jeremy Bentham, Schopenhauer...- pero también el refrendo de algunos que mostraron humanitarismo con las bestias y bestialidad con los humanos: las primeras leyes europeas protoecologistas de protección de la Madre Tierra y de los animales fueron dictadas por el vegetariano Adolf Hitler. En cualquier caso, la sensibilidad hacia el sufrimiento de otros vivientes es un signo de la modernidad. A ella se deben medidas piadosas como el peto de los caballos de los picadores (impuesto por el dictador Primo de Rivera) o el suavizamiento de los obstáculos más peligrosos en la carrera del Grand National de Liverpool. No son desdeñables, pese a que ello implica que los animales van desapareciendo de nuestras vidas urbanas -circos, zoológicos- para hacerse sólo presentes virtualmente en los documentales de la televisión. Es una tendencia que continuará y que sin duda también acabará mañana afectando las corridas de toros, si no son abolidas. No revelan acercamiento a la naturaleza, sino el predominio humanista de dos instancias desconocidas en ella: la compasión y la hipocresía. Ambas, en su dialéctica perpetua, espiritualizan nuestra vida. Yo me quedo con el arrebato de Nietzsche en la plaza Carlo Alberto de Turín, abrazado llorando al cuello del viejo caballo fustigado por su cochero. ¿Síntoma de locura o comprensión abismal de la irreductible desdicha de existir?

lunes

domingo

de donde venga la felicidad

Hay gente que vas conociendo a lo largo de los años, sin los que no serías quien eres. Gente que te modela; abre tus ojos a posibilidades remotas; gente que te enseña, no conscientemente, sobre la generosidad y sobre la inocencia; sobre la valentía y la rabia de quien espera lo mejor a cada instante. Lo no conforme de lo joven y una piel aún tensa frente a la vida; límpia de los surcos de la decepción.

Hacia ella va este poema, viajando a traves de la meseta, sorteando las familias y los vicios, sorteando lo que nos ha tocado, pues al final, mejores o peores las circunstancias y los tiempos, somos muchos los que sabemos quererte.

Si recuerdo quien fui, otro me veo,
y el pasado es un presente en el recuerdo.

Quien fui es alguien que amo
aunque tan sólo en sueños.

Y la saudade que me aflige la mente
no es de mí ni del pasado visto,
sino de quien habito
tras de los ojos ciegos.

Nada, salvo el instante, me conoce.
Y mi mismo recuerdo es nada, y siento
que quien soy y quien fui
son sueños diferentes.


Fernando Pessoa

jueves

musica y

musica y punto y a partes y hasta mañana y no pienses demasiado




domingo

Sueño con Jamaica

Sueño con Jamaica. Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica.

La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica.

Sueño con Jamaica. Jamaica es una isla (no sé por qué os lo cuento, si ya lo sabéis); Jamaica es una isla primitiva, anárquica y bellísima, con casas de hojalata que desembocan en largas playas de arena fina y blanca. En Jamaica todo está por hacer, y uno puede vivir con la esperanza en la punta de los dedos, pensando que todo es aún posible y que el futuro existe. Y las gentes son sencillas, y sus sentimientos, espontáneos y directos, y hasta los asesinos son capaces de explicar lo que hacen sin recurrir a teorías sociológicas o sesudos estudios de mercado: matan –ya veis, qué cosas–, y matan porque odian y porque aman, y eso es todo, y nadie le da más vueltas.

En Jamaica, el tiempo no cuenta apenas nada. La gente es tranquila e impuntual, y muy pocos son los que admiten que les impongan una cita: ellos quedan y, al final, aparecen, pero no miran el reloj ni se preocupan por horarios.

Sueño con Jamaica, y en la Jamaica en la que yo sueño nadie se levanta la voz, y el ruido es sólo algarabía callejera, y los policías no dan miedo, aunque asusten un poco con los ruidosos piropos que lanzan a las muchachas que circulan en bicicleta y a las que el aire levanta sus faldas de mil colores.

Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.

Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.

Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.

Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mi más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.

Jamaica o muerte. Venceremos.

(Publicado en El Mundo el 14 de abril de 1995)
(http://www.javierortiz.net/jor/dedo/sueno-con-jamaica)

( Ventajas de las redes globales de comunicación ... igual te enteras de que alguno ha dado de comer a su pez virtual o alcanzado la inteligencia prevista para un alienigena apilando cubitos , que descubres bellos artículos de escritores desconocidos hasta la fecha.)

el gran tute

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y la vida al desnudo